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A pedido del FMI: Bullrich dijo que el tarifazo no se toca y le tiró la pelota al peronismo

Después de acordar la postergación del dictamen contra el aumento de tarifas junto al bloque de Pichetto, el senador Bullrich aseguró que “no hay margen para morigerar el aumento de tarifas” y anunció que no presentarán ninguna modificación, a pesar del pedido justicialista.

Se cierra una semana en la que el Gobierno empezó siendo cacheteado contra las cuerdas y termina sintiendo un poco más de aire. Sobrador, el senador Esteban Bullrich dio cuenta de ese cambio de ánimo y en diálogo con FM Blue se refirió al proyecto contra el tarifazo: “No hay margen para morigerar el aumento de tarifas. Desde el oficialismo no va a salir un nuevo proyecto”.

Si la semana arrancó con toda la tensión depositada en el “supermartes”, consumada la renovación de las Lebac el presidente brindó el miércoles una conferencia de prensa presumiendo que “la turbulencia está superada”. Al mismo momento, anunciaba que la hora del llamado gradualismo había llegado a su fin y era momento de aplicar un ajuste mayor: “el mundo nos pide que vayamos más rápido”, disparó.

Pero a una semana marcada por la corrida cambiaria y el “fuego amigo” de los mercados, había que sumarle otro tema que le quitaba el sueño: conseguir un acuerdo en las comisiones del Senado para postergar el dictamen del proyecto que viene de la Cámara Baja contra los tarifazos. Para eso recurrió una vez más a los senadores peronistas que responden a Pichetto, quienes acordaron pasar a un cuarto intermedio hasta el martes próximo y pedirle al Ejecutivo “un nuevo proyecto razonable”. La intención: estirar las negociaciones y evitar recurrir al el veto presidencial (y su consecuente costo político) en pos de garantizar que la suba de tarifas se mantenga.

En su peor momento, el Gobierno logró así ganar una semana de tiempo para planchar el debate sobre el tarifazo y no seguir exponiéndose en un tema que le viene costando una significativa caída en su imagen y la disgregación de buena parte de su base social.

Mi cómplice y todo… “Tenemos un acuerdo con el bloque encabeza el senador Pichetto”, aseguró en el plenario de comisiones el senador oficialista Ernesto Martínez mientras el jefe del Bloque Justicialista hablaba de “prudencia” y pedía una nueva propuesta “razonable”. El Gobierno lograba así tomar algo de oxígeno después de días de reuniones, primero con los gobernadores y después con los senadores “racionales”.

En aquellas, todos habían hecho un llamado a la “responsabilidad” en un momento “sensible y delicado”. El gobierno trataba así de tomar el timón en medio de la tempestad y comprometer a todo un sector del peronismo en un clima de unidad nacional, lo que apenas un día más tarde Macos Peña definiría como el llamado a un Gran Acuerdo Nacional.

En momentos de extrema fragilidad, el gobierno apostó a conseguir un aval político en los gobernadores, senadores y diputados que hasta ahora le garantizaron todas sus políticas de ajuste y entrega, aún siendo minoría en ambas cámaras.

Pero la tregua otorgada por el justicialismo en el Senado fue leída por la Casa Rosada como el momento de presionar todavía más y mostrarse inflexible ante la cuestión de los aumentos.

“Entendemos también que se estaba analizando, dentro del grupo de senadores, otra alternativa que obviamente queremos escucharla. Nosotros no tenemos una alternativa, no hemos encontrado una alternativa. Esta que se encuentra sobre la mesa no es realizable" declaró Bullrich y le tiró la pelota al “peronismo racional”.

Mientras apuesta a que sean los propios gobernadores quienes disciplinen a los legisladores, por las dudas Bullrich amenazó implícitamente: “La propuesta original de diputados costaba 80 mil millones de pesos más el aumento o la ampliación de la tarifa social que no se pudo calcular todavía. Esos montos hacen irrealizable el proyecto. Por eso decimos que para hacerlo seriamente hay que plantear de donde va a salir el dinero”.

Las provincias mantienen una relación de marcada dependencia económica con Nación y los hombres de Cambiemos están dispuestos a recordar esa carta que guardan bajo la manga cuantas veces sea necesario con tal de terminar imponiéndose.

Ningún acuerdo con los ajustadores El clima de “gran acuerdo nacional” que el macrismo quiere instalar tiene su correlato en el discurso de "responsabilidad” y “prudencia” del peronismo. Pero esto no es más que la fachada para presentar el ajuste que pretenden descargar sobre las espaldas de los trabajadores y los sectores populares, a una velocidad mucho mayor de la mano del retorno a los créditos del Fondo Monetario Internacional y una crisis financiera que volverá a golpear las puertas del Banco Central.

Frente a la posibilidad del shock, los garantes de la gobernabilidad como Pichetto hacen malabares para posar de opositores y a su vez intentan convencer de la inevitabilidad del ajuste, limitándose a discutir cuales deberían ser sus ritmos. Por el contrario, el descontento social y el cuestionamiento a las medidas impopulares del oficialismo reabren debates acerca de cuál es la salida de fondo de cara a esta nueva crisis que se está gestando.

Frente al negocio de las empresas privatizadas que gestionan la energía y el gas sin invertir un sólo peso y con un servicio por demás ineficiente, la posibilidad de la renacionalización sin pago y bajo control de sus trabajadores y usuarios aparece como la única perspectiva viable en pos de garantizar un servicio económico, seguro y de calidad, que termine con la lógica del lucro sobre los servicios esenciales.

La desconfianza que existe frente al anuncio de acuerdo con el FMI se traduce en encuestas que aseguran que un 75% de la población lo rechaza. El no pago de la deuda, de la mano de la conformación de una banca estatal única y el monopolio estatal del comercio exterior para frenar la fuga de capitales, son medidas indispensables como forma de preservar los intereses nacionales frente al saqueo imperialista.

El peronismo, lejos de eso, se divide hasta ahora entre quienes se preparan como rueda de auxilio de un gobierno en crisis y quienes critican el ajuste de palabra pero en los hechos no proponen ninguna solución de fondo para salir de esta situación más que esperar hasta el 2019. Sin embargo, el momento de enfrentarlos es ahora. Y son ellos o nosotros. (LID)

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