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Elisa Carrió y Funes de Rioja: los ideólogos del Tejerazo macrista contra trabajadores y jubilados

Elisa Carrió acusó a la oposición de haber montado una conspiración para llevar adelante un golpe civil. Justificó de esta manera la represión del jueves 14 y del lunes 18 de las multitudinarias movilizaciones contra la reforma previsional. En líneas generales esta es la posición que ha definido el Gobierno en su defensa.

22 de diciembre de 2017| Facundo Aguirre |

Condenar la movilización popular La diputada de Cambiemos comparó los enfrentamientos por la reforma previsional con las conspiraciones de palacio que usufructuaron el esfuerzo de la rebelión popular del 19 y 20 de diciembre del 2001. Recordó que el PJ y Leopoldo Moreau le ofrecieron la Corte Suprema: "Fue durante el Gobierno de Adolfo Rodríguez Saá, pero pusieron gente ensangrentada en la puerta, y Juanjo (Álvarez) ponía la sangre para que Duhalde tomara el poder. Ese día terminaron las muertes, los cacerolazos... Yo sé lo que es un golpe civil, yo lo viví”, señaló.

La operación de Carrió es clara. Por un lado, niega de cuajo la existencia de una rebelión popular en el 2001. Niega que sus causas hayan sido por el hambre generalizado que empujó a los saqueos y la confiscación de los ahorros de las clases medias de un Gobierno quebrado que intentó mantenerse en el poder mediante un Estado de Sitio. Por el otro, absolutiza el valor de las conspiraciones de las camarillas políticas capitalistas para aferrarse al poder del Estado frente al rechazó popular. Queda decir que Leopoldo Moreau es una demostración de que el kirchnerismo se alío con aquellos políticos que supieron conspirar contra el pueblo trabajador, un recordatorio de que su función esencial fue rescatar al régimen y a sus cuestionados representantes.

Desde esta lógica las fuerzas represivas actuaron defendiendo las instituciones democráticas de una conspiración en marcha. Así se justifican los 38 asesinados por las balas de la represión el 19 y 20 de diciembre del 2001; y recientemente (en una situación que, más allá de ciertas similitudes que expresan saltos en la conciencia popular, no es comparable desde el punto de vista de su alcance histórico) el jueves 14 y lunes 18, los heridos y detenidos a mansalva en las movilizaciones contra la reforma previsional. No es de extrañar, Carrió, la ministra Patricia Bullrich Luro Pueyrredón y los radicales que integran la coalición oficialista fueron parte de la Alianza que fue expulsada del poder por el pueblo movilizado. Un Gobierno que al igual que Cambiemos recortó los haberes de los jubilados.

El Tejerazo macrista Lo preocupante comienza a ser que la gran patronal toma como propia la teoría golpista. El presidente de la Copal y vicepresidente de la UIA, Daniel Funes de Rioja, comparó los enfrentamientos callejeros del lunes 18 con el intento de golpe policial en la España postfranquista en febrero de 1981. "A mi criterio esto es un intento de ‘Tejerazo’ donde se pretende inhibir el poder político de los órganos del Estado, en este caso del Poder Legislativo mediante, una ‘pueblada’ de grupos que no tienen relevancia desde el punto de vista electoral pero que se constituyen en una manifestación populista”, el hombre que milita con esmero las rebajas salariales y la reforma laboral.

El “Tejerazo” fue un intento de golpe contra el Parlamento español de una fracción policial del franquismo que lideró el teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero Molina. Con su pistola en la mano y vestido de uniforme, Tejero ingresó por la fuerza en la Cámara de Diputados. El golpe fue aplastado, reafirmando la autoridad del Estado a partir de la figura del rey Juan Carlos.

Funes de Rioja considera que sino se impone autoridad se espanta “a cualquier inversor que piensa en términos de Estado de Derecho y respeto a la institucionalidad y no de amedrentar para disuadir a los legisladores sin respetar la democracia”.

El jefe de la Copal compara a la izquierda que defendió el derecho a manifestarse frente a los embates de una represión criminal, con los resabios del franquismo que querían mantener las condiciones de un Estado represivo, la movilización popular, con las conspiraciones fascistas.

El argumento del dirigente de los empresarios argentinos tiene como corolario lógico la defensa de la represión y la votación de una ley repudiada por el pueblo bajo la custodia de los camiones hidrantes y la Policía motorizada cazando manifestantes. Mauricio Macri seria nuestro rey Juan Carlos, reafirmando la autoridad pública (ver: El 23F: el golpe militar que consolidó los rasgos más reaccionarios de la Transición Democrática)

Pero lo cierto es que si hubo un Tejerazo fue llevado a cabo por el propio Gobierno que votó una ley contra las mayorías populares a punta de pistola y que con este objetivo blindó con fuerzas de asalto el Congreso, intentó impedir el ingreso de los diputados opositores, llegando al extremo de reprimirlos, infiltró las movilizaciones como ha quedado en evidencia en el caso del policía que perdió el ojo y negó a los trabajadores y el pueblo el derecho democrático a manifestarse. No es casualidad que uno de los voceros más importantes del macrismo en esta embestida contra los derechos democráticos haya sido Nicolás Massot, de los apologistas y partícipes del genocidio de La Nueva Provincia.

Las manifestaciones populares y las represiones del 14 y el 18 de diciembre, los cacerolazos y el rotundo rechazo popular a la reforma previsional, parece alentar a los representantes de la gran burguesía a querer avanzar con la reforma laboral con los métodos del Estado policial y la persecución judicial. La represión de los trabajadores del Ingenio La Esperanza en Jujuy y el pedido de captura de los dirigentes sindicales por parte del señor feudal Gerardo Morales parece confirmar esta tendencia.

La conspiración permanente Cambiemos viene utilizando hace tiempo las acusaciones de conspiración y golpismo, generalmente por boca de la reaccionaria Carrió. Así lo hizo frente a la desaparición forzada de Santiago Maldonado y el posterior descubrimiento de su cadáver. En aquella ocasión se apeló a la idea de una conspiración mapuche con financiamiento del terrorismo internacional contra el Estado argentino. Con ese fin Pablo Noceti, otro negacionista y defensor de genocidas, ordenó en Esquel a la Gendarmería que actuaran in fragancia contra los que cortaban la ruta, lo que provocó el trágico desenlace del asesinato de Santiago Maldonado.

Lo mismo sucedió en Mascardi donde las fuerzas de la Prefectura asesinaron por la espalda a Rafael Nahuel e inventaron la absurda explicación de que se defendieron del disparo de armas de grueso calibre, luego desmentido rotundamente por la propia investigación policial.

Acusar a las movilizaciones obreras y populares, de golpistas es situarlas en el campo de la ilegalidad y no del ejercicio de un derecho democrático. Es el justificativo legitimador de la utilización de los servicios de inteligencia armando hipótesis conspirativas contra las demandas populares y la represión brutal. Funes de Rioja afirma que las libertades democráticas de los trabajadores y el pueblo pobre, su derecho a manifestarse “afecta nuestra credibilidad como Nación y deja al país como si estuviera en manos de la barbarie". Es un vocero de los empresarios que abogan por ponerle fin a la lucha de clases para hacer tabula rasa con los derechos de la clase trabajadora. Un vocero de los terratenientes extranjeros que enajenan las riquezas nacionales y del cual Cambiemos es un representante cabal.

Los herederos civiles de la dictadura genocida Resta decir que los que se vanaglorian de haber abortado un intento golpista son los herederos civiles de la dictadura genocida y la Revolución fusiladora de 1955. Los que se enriquecieron como el Grupo Macri o los representantes de la Sociedad Rural que van a ver abolidas las retenciones a la soja, motivo por el cual se les saca el dinero a los jubilados. Son los partidos como la UCR cómplices y participes, con más de 300 funcionarios, de la dictadura genocida.

Apelando a argumentos similares a los de la "guerra sucia" contra la "subversión", pero señalando que detrás de un militante que lanza una bomba de estruendo contra los represores se esconde un terrorista. Mientras tanto las fuerzas represivas que le sacaron el ojo a tres manifestantes son defensores de una democracia para ricos en el más estricto estricto sentido del termino, una democracia a punta de pistola contra el pueblo movilizado para que los empresarios despojen a los pobres y jubilados y se aumente la explotación de la fuerza de trabajo mediante la reforma laboral, para su propio beneficio.

El gobierno de Cambiemos y los empresarios son una amenaza contra las libertades democráticas de los trabajadores y el pueblo pobre. Afortunadamente los acontecimientos están procesando un salto en la conciencia de la clase obrera y el pueblo pobre que recupera ciertos aspectos del hilo rojo de una fuerza social que supo protagonizar el Cordobazo en 1969 o la rebelión popular del 19 y 20 de diciembre del 2001 entre tantas gestas callejeras que hicieron historia.

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