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Espejismos y engaños de una economía en modo electoral

La economía argentina se mueve rumbo a las elecciones en una calma impensada poco tiempo atrás. La cotización del dólar desciende, sin frenarse a pesar de que el Banco Central (BCRA) continúa acelerando la disminución de las tasas de interés. El riesgo país, indicador de cuánto debería pagar el estado argentino para endeudarse por encima de la tasa de interés que ofrece un bono del Tesoro de los EE. UU., bajó más de 20 % desde mayo.

12 de julio| Esteban Mercatante |

El bálsamo para la economía argentina, que entre marzo y mayo volvió a moverse al borde de un ataque de nervios, provino en primer lugar del exterior. Las señales de la Reserva Federal (Fed, el Banco Central de EE. UU.) de que no solo no subirá la tasa como lo hizo varias veces en 2018, sino que incluso podría bajarlas a fin de este mes, la tregua −precaria, pero tregua al fin− alcanzada por EE. UU. y China en Japón para frenar la "guerra comercial", y la mejora en los precios de los granos que el país exporta gracias a las malas cosechas en EE. UU., son algunos de los elementos de una moderada brisa a favor para la Argentina.

El ordenamiento del tablero político, adecuado al gusto de los inversores, aportó lo suyo. La polarización entre "moderados" viene configurando el mapa electoral, entre Macri y un candidato opositor, Alberto Fernández, que ha dado personalmente y a través de sus aspirantes a ministros numerosas pruebas de "responsabilidad" en materia de deuda, política fiscal, energética, y un amplio etcétera, redujo en los pronósticos de los acreedores la probabilidad de un default. Hasta por ahí nomás, porque la prima de riesgo sigue cerca de 800 puntos, que es un nivel que sigue indicando una elevada probabilidad de impago. Lo cual resulta lógico, ya que el país afrontará entre 2020 y 2023 vencimientos anuales por USD 41.000 millones en promedio, mientras que el comercio aporta apenas USD 10.000 millones de superávit al año. Sin acceso a los mercados de crédito ni aportes adicionales del FMI (que entre 2018 y este año habrá puesto USD 51.000 del préstamo total de USD 57.100 millones, dejando poco para 2020 y 2021), el default sigue siendo un horizonte de alta probabilidad, a pesar de las señales tranquilizadoras de Macri y Fernández.

Por último, pero no menos importante, la calma financiera del último mes (que por supuesto va de la mano de una multiplicación de señales de hecatombe en la actividad económica, ya sea que miremos el comercio, la industria, la construcción o el empleo) está motivada por el aumento del poder de fue con el que cuenta el BCRA. Al contrario de lo que quería el FMI cuando se firmó el acuerdo en junio, y cuando se revisó en agosto, desde abril de este año la entidad que preside Guido Sandleris quedó habilidada para intervenir en el mercado cambiario, vendiendo de ser necesario todos los dólares que haga falta para que el precio de la divisa no se descontrole. La política cambiaria dejó asi de tener las manos atadas, pero lo hizo al precio de entregar a los especuladores todos los dólares que demanden si deciden apostar contra el peso. Otro motivo por el cual los acreedores dudan cuántos dólares habrá en 2020 para pagar deuda. Por eso, a pesar de la calma financiera, el riesgo país tiene un piso bajo, que sigue siendo muy superior incluso a los 600 puntos que rozó en febrero, ni que hablar de los 400 que tenía hace poco más de un año.

Vender humo

Desde el gobierno leen los datos económicos más recientes en clave de que "lo peor ya pasó". Los últimos datos de la industria y la construcción muestran una recuperación estacional, en mayo, respecto de abril. Son datos que alimentan la idea de que la recesión podría estar llegando a un piso.

Pero lo cierto es que ya en enero y febrero se observó una tendencia similar, de ligera recuperación mes a mes, que fue abortada por el recrudecimiento de la inestabilidad financiera.

Los pocos elementos a favor de cimentar la tendencia están bombeados por el gobierno, y tendrán efectos con fecha de vencimiento apenas pasen las elecciones.

En primer lugar, tenemos que contar la estabilidad del dólar, que ya podemos anticipar que dará lugar a una nueva ronda de ajuste del tipo de cambio. El dólar ayer, estaba apenas 5 % más caro de lo que estaba en octubre pasado, cuando asumió Guido Sandleris al frente del BCRA en reemplazo de Luis Caputo. Mientras tanto, los precios acumularon un aumento de más de 40 %, lo que significa que el poder de compra del dólar en la economía disminuyó. Todo el esfuerzo por mantener el dólar quieto hoy, se traducirá en un nuevo salto estrepitoso en un futuro cercano para compensar la inflación. Como ya sabemos, eso producirá un nuevo golpe al poder de compra, y nuevos shock negativos a la actividad económica.

En segundo lugar, tal como ocurrió en 2017 antes de las elecciones, el gobierno de Macri pretende compensar la pérdida de poder adquisitiva sufrida por los trabajadores, jubilados y beneficiarios de planes sociales mediante un combo de créditos y subsidios para la compra de determinados bienes. La generosidad se extendió al sector automotriz, estimulando desde el Estado bonificación en el precio de O Km, incluyendo unidades que no se producen en el país sino que se importan (con lo cual no impactará en la actividad de la industria). Créditos Anses, para que los jubilados tomen deuda para comprar lo que no pueden con sus haberes (al precio de tener que bajar sus gastos cuando tengan que devolver el crédito), la ampliación del Ahora 12, y otros planes, representan un vuelco de poder adquisitivo equivalente al 1 % del PBI.

Esto empujará la actividad económica por estos meses, pero resta ver cómo seguirá la economía cuando se corte esa inyección y retornen con todo los ajustes para intentar cumplir con las metas del FMI, que exigen un incumplible déficit cero para este año, y superávit de 0,5 % del PBI en 2020.

La hoja de ruta del ajuste marcado por el FMI para priorizar los pagos de la deuda y todas las medidas tomadas para crear un clima de bonanza hacia las elecciones tienen fecha de caducidad en octubre. Ya sea que gane Macri o que lo haga la oposición, si la prioridad sigue siendo cumplir con la deuda ante todo, se probará dramáticamente falso que "lo peor ya pasó". Se impone con urgencia invertir las prioridades. (LID)

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