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Vuelos de la muerte: en Campo de Mayo un oceonógrafo decía cuándo arrojar los cuerpos al mar

Los testimonios de los excolimbas adquieren ribetes macabros. Se reveló a través de uno de ellos que un oceonógrafo militar iba a Campo de Mayo a estudiar las mareas para indicar cuándo era propicio arrojar los cuerpos de los secuestrados a las costas del río y el mar.

17 de marzo

José Luis Miceli estaba haciendo el servicio militar obligatorio en Campo de Mayo en 1977, en plena dictadura cívico-militar-eclesiástica. Fue citado a declarar como testigo en el juicio que se lleva adelante por la muerte de cuatro personas, Rosa Eugenia Novillo Corvalán, Roberto Ramón Arancibia, Adrián Enrique Accrescimbeni y Adrián Enrique Rosace, víctimas de los llamados “vuelos de la muerte” del Ejército.

Transcurría el lunes 8 de marzo, durante la décimo séptima audiencia del juicio, y Miceli había aportado una gran cantidad de hechos y denuncias valiosos para condenar a los represores imputados, cuyos nombres no está de más recordar: Santiago Omar Riveros, Luis del Valle Arce, Delsis Ángel Malacalza, Eduardo José María Lance y Horacio Alberto Conditi.

Ante el Tribunal Oral Federal 2 de San Martín José Luis Miceli ya había revelado que "se sabía que algo fuera de lo normal estaba pasando" en Campo de Mayo. En su declaración dio detalles sobre los días en que se realizaban los vuelos de la muerte: "los martes y jueves llevaban gente y la tiraban", dijo. Contó también que vio cómo bajaban a una persona "robusta y canosa, de camisa rosa y saco gris" de un auto Ford Fairlane y lo subían a un helicóptero Bell.

Además, aportó datos como que al Batallón llegaban Ford Falcon con personas que decían pertenecer a Coordinación Federal para encontrarse con dos de los imputados en este juicio, Luis Del Valle Arce y Delsis Malacalza.

Finalizaba su declaración, y Walter Venditti, presidente del Tribunal despedía a Miceli, agradeciéndole su testimonio.

Para sorpresa de todos, el exsoldado conscripto, dijo —Una última cosa, Señor, que les puede servir o no. Había un oceanógrafo que había entrado. Nos llamó la atención porque un oceanógrafo en la División del Ejército... Se llamaba Delfino Varela, era un Capitán. Eso sí me acuerdo, de decir: "¿Y este que hace?". Es el que estudia las corrientes; o sea todos los temas referentes, el mar, el rio, las corrientes. Eso sí me acuerdo.

El espanto de conocer que un especialista en oceanografía colaboraba en determinar cuándo y dónde arrojar a las personas secuestradas al Río de la Plata y las costas del océano, inevitablemente hizo que comenzara una nueva ronda de preguntas.

—¿Usted en algún momento vio a esta persona junto a los pilotos o en la torre de vuelo? —preguntó el fiscal.

—Él estaba siempre en la oficina. Después por ahí se iba. Nosotros hacíamos guardia, hacíamos abajo y arriba, y no lo veíamos llegar. Por ahí venían los oficiales de los pilotos a la oficina de él, ahí andaban —declaró.

—¿Los pilotos iban a verlo? —quiso saber el fiscal Marcelo García Berro con su pregunta.

—Sí, estaban con él.

—¿Usted recuerda qué pilotos?

—Había uno que andaba siempre ahí, el Teniente Bunce.

—¿Algún otro?

—Había oficiales que lo iban a ver. Apellidos mucho no me acuerdo. Hay algunos que nos quedaron. Por ejemplo, el Capitán Devoto, un hombre que era temido. Le tenían miedo hasta los suboficiales. Un día agarró al Cabo Primero y le dijo: "Apúrese Cabo" y no corrió y le metió como veinte días de arresto.

Las preguntas al excolimba por parte de las partes acusadoras seguían:

—Respecto del tema de las corrientes marinas ¿Esto quién lo decía? ¿Él? —consultó el Fiscal Marcelo García Berro.

—No, él estaba ahí y decíamos: "¿Qué hace un oceanógrafo acá?, es lo mismo que llevar un buzo a la montaña", y siempre aparecía con Arce [Del Valle Arce, uno de los acusados del juicio] y me decía: "este estudia las corrientes marinas”. Estábamos en el Ejército.

José Luis Miceli se dio cuenta con claridad que lo que estaba revelando era un dato de suma importancia.

Con los datos aportados, la fiscalía encontró a la persona a la que Miceli hizo referencia: es el Capitán Rodolfo Delfín Varela Gorriti, Jefe de la Compañía de Servicios del Batallón de Aviación 601 del Ejército en Campo de Mayo, desde dónde salían los Vuelos de la Muerte. Varela Gorriti pasó a integrar en abril de 1977 el Instituto Geográfico Militar, y se retiró voluntariamente en 1979.

Sus macabros aportes fueron utilizados por los genocidas para que los cuerpos arrojados a las costas del Río de la Plata y del océano Atlántico no regresaran a esas costas con las corrientes. Sin embargo no siempre dieron resultados.

El aporte de los soldados que hicieron el servicio militar obligatorio, conocido como colimba, durante la dictadura en Campo de Mayo, tiene un valor enorme. A 45 años del golpe genocida siguen apareciendo nombres que sin estos testimonios seguirían bajo estricto silencio.

Sigue siendo urgente que el estado abra los archivos de la dictadura y que los juicios se aceleren para terminar de juzgar a todos los represores tanto militares como civiles.

Por estos reclamos, entre otros, marcharemos este próximo 24 de marzo. (LID) Por Hermana de desaparecidos | CeProDH

Foto: Gustavo Molfino
Fuentes: La Retaguardia

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