La polémica alrededor del dato de pobreza se generó por la incongruencia entre una realidad social de millones de trabajadores cada vez más golpeada por el ajuste, la pérdida de empleos y un débil crecimiento económico muy desigual por sectores (con caída de industria, comercio y construcción), y el indicador de pobreza que mide el Indec que muestra una disminución en el último año y medio. ¿Hay una baja de la pobreza o no? ¿Los datos están bien construidos? ¿Qué es lo que dicen y expresan los indicadores?
Lo primero para aclarar es que los datos están bien construidos con las herramientas existentes. No hay una manipulación estadística ni una intervención directa como hubo en forma nefasta en las épocas de la intervención de Guillermo Moreno en el Indec. El equipo técnico de trabajadores del organismo es altamente profesional, y viene sosteniendo las estadísticas públicas a pesar del desguace del Estado, los bajos salarios, los ataques del gobierno liderados por Sturzenegger para estigmatizar la importancia social del trabajo estatal, entre ellos, de los censistas, encuestadores, analistas, entre otros.
No obstante, existe una intervención política para impedir que se lleven adelante las actualizaciones metodológicas necesarias para un mejor reflejo de la realidad por parte de las estadísticas. La más evidente ocurrió a inicios de este año cuando el Ministro de Economía, Luis Caputo, decide unilateralmente posponer la actualización de la ponderación de las Canastas de precios (tanto de la inflación en el IPC como de las Canastas Básica y Alimentaria que se usan para medir pobreza e indigencia). Esa decisión ya venía demorada, y el gobierno lo puso nuevamente en suspenso hasta nuevo aviso.
Al no realizar dicha actualización, los índices de inflación dan tendencialmente más bajos porque subestiman el impacto de las subas de tarifas de servicios públicos en el costo de vida de los hogares. Este es un punto nodal en la medición de pobreza e indigencia, porque se trata de un indicador que mide "pobreza por ingresos", es decir, la clasificación de "pobre" o "no pobre" en función de comparar el ingreso de un hogar con una línea mínima de consumos. Si esa línea está más abajo, la cantidad de hogares y personas pobres será menor.
¿Puede explicarse la baja de la tasa de pobreza sólo por esa intervención política de Milei y Caputo? No, existen otros fenómenos que son importantes a considerar.
1) Reducción de la inflación: El primer punto clave para explicar el fenómeno es la baja de la inflación desde los niveles extraordinarios de inicios de 2024, casi de 300% anual. El porqué de esa baja inflacionaria es otra discusión (ajuste fiscal y externo, enfriamiento económico, caída de la actividad económica, dólar atrasado, etc), de la misma manera que es una baja relativa porque volvió a encenderse desde mayo pasado y nunca logró minimizarse a un nivel razonable.
Lo importante es recordar que lo que se mide es "pobreza por ingresos", y la decadencia argentina que viene desde más de una década y que empuja a muchas familias a vivir con lo justo hace que millones de personas se encuentren cerca del "umbral" de pobreza. Esto genera que con una leve suba de la inflación haya millones de pobres más y si ésta baja, haya millones menos. Pero estructuralmente no se puede hablar de una mejora sólida ni sostenida de las condiciones de vida, sino todo lo contrario. Dadas estas condiciones, el indicador es muy sensible al costo de la canasta básica, por ello con más razón cobra peso la intervención política del gobierno en las estadísticas del organismo.
2) El efecto distorsivo de la inflación: El especialista del CEDLAS, Leopoldo Tornarolli, plantea con razón que hay una aparente incongruencia entre un crecimiento de la economía muy débil, de alrededor de 2% per cápita anual, y una tasa de pobreza que bajó de 41,7% a 28,2% entre el segundo semestre de 2023 y el segundo de 2025. Uno de los factores mencionados es que en escenarios de alta inflación es muy difícil para los hogares encuestados conocer los ingresos nominales porque cambian permanentemente, en cambio en escenarios de inflación más moderada mejora la respuesta de los encuestados. En otras palabras, el dato captado tiene mejor calidad porque se sabe con más precisión qué nivel de salario se tiene o de ingresos, hay menos incertidumbre y también menor efecto subjetivo del impacto de la inflación.
3) Ingresos y carencias no incluidos en el cálculo: Hay aspectos que no están incluidos en la forma que se mide la pobreza y que vienen tendiendo mucha relevancia en el último año. Por ejemplo, que se viene sosteniendo el consumo en base a un endeudamiento enorme de las familias para llegar a fin de mes y esa carga financiera no se incluye en el cálculo de las canastas, aunque sí son parte de la Encuesta Permanente de Hogares. Y también, los trabajadores de la Junta Interna de ATE Indec mencionan que el gobierno quitó una serie de transferencias no monetarias como bolsones alimentarios, medicamentos gratuitos de PAMI u otras prestaciones que implican una carencia no cuantificada en el cálculo de pobreza, pero implican un empeoramiento de las condiciones de vida.
4) Efecto contención social: "A esta dinámica se suma el aumento real de la AUH y otras transferencias sociales que, en conjunto, llevan a que una franja de la población salga de la pobreza, sin experimentar mejoras estructurales en sus condiciones de vida", también señalan los trabajadores de ATE Indec. Tornarolli plantea que "la brecha (ingresos EPH/ingresos registros administrativos) bajó desde mediados de 2024 y se inclina por plantear que la EPH capta ahora mejor los ingresos reales."
5) Película vieja: El dato publicado corresponde al segundo semestre de 2025. Se trata de un dato viejo, en un momento en donde el gobierno pisó el dólar con ayuda de Trump para ganar las elecciones, y previo a la actual aceleración de la inflación.
Todos los indicadores sociales y del mercado de trabajo indican que la situación social empeora desde el último trimestre del año pasado, especialmente de la suba de la desocupación e informalidad laboral. A esto se suma la caída del poder de compra de salarios y jubilaciones, los recortes en discapacidad, universidades, despidos de estatales, cierres de industrias y empresas.
No sólo es un dislate el festejo del gobierno, sino una burla a quienes se “desloman” verdaderamente todos los días.
Por último, no hay que dejar de remarcar que 28,2% de pobreza significa más de 13 millones de pobres en todo el país, que 3 de cada 10 argentinos no cubre necesidades básicas de vida cotidianamente, y que la mayoría son niñas, niños y adolescentes.
No se trata de invalidar el dato, sino calibrar adecuadamente qué mide, y qué realidad expresa. (LID) Por Lucía Ortega
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