“¿Ustedes que opinan? ¿Preferirías que los volvamos a contratar y vuelvas a tener que gastar $100 mil de más para conseguir un termo de calidad? Nos reconvertimos para volver a crecer igual que en los 70’s cuando dejamos de soplar las botellas a pulmón y nos automatizamos,” fue el mensaje de Lumilagro en la cuenta oficial de la red social X. Después tuvo que borrar el tuit por las respuestas negativas que recibió.
La tradicional marca de termos despidió a 170 empleados en los últimos años de su planta industrial para focalizar la mayor parte de su operación en la importación desde China.
Lumilagro se jacta de vender termos más baratos por poder importarlos, pero omite que el costo unitario de importar un termo es de $8.178 y los vende a $44.000. La empresa exportó 10.000 termos a EE.UU. en 2025 a un precio FOB promedio de U$S 11 cuando en Argentina el termo más económico sale U$S 31 ($44.000). Un negocio redondo para la empresa.
Este dato lo revela un reciente informe del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IPyPP), elaborado por Gustavo García Zanotti y Martín Schorr. El informe muestra que las grandes empresas del país comenzaron un repliegue industrial: en la actualidad prefieren importar productos terminados de China o Brasil antes que fabricarlos en sus plantas locales.
El documento, titulado “Las grandes empresas ante la apertura importadora del gobierno de Milei”, alerta que este proceso no es un “efecto colateral” no deseado, sino una estrategia deliberada de reconversión de negocios que prioriza grandes márgenes de rentabilidad a corto plazo por sobre la preservación del empleo y la capacidad productiva nacional.
El dato más llamativo que revela el IPyPP es la enorme brecha entre lo que le cuesta a una empresa traer un producto del exterior y el precio al que lo vende al consumidor local. Gracias a la apreciación cambiaria y la eliminación de aranceles, el costo de importación cayó, pero ese beneficio no llega al bolsillo del trabajador.
Los ejemplos que analiza el informe son contundentes:
Essen: la empresa importa cacerolas de China con un costo unitario (incluyendo fletes e impuestos) de unos $50.000. Sin embargo, en sus canales de venta se ofrecen a $384.000 (sin contar impuestos nacionales). Despidió 30 trabajadores.
Adidas: importa zapatillas casuales por $26.790 y las vende a $100.000. En Chile el mismo modelo cuesta 44 dólares frente a los U$S 70 que sale en Argentina ($100.000). La empresa cerró la planta en Argentina y despidió 360 trabajadores.
Newsan: el costo unitario de importar un celular Motorola G23/G24 es de $ 136.770 y lo venden en el mercado local a $260.000. El documento recuera que Milei visitó la planta y cuatro meses después hubo 45 despidos y 70 suspensiones.
Mondelez: suspendió 2.300 trabajadores a fines de 2025 y los bienes finales pasaron del 16% (2023) al 25% (2025) de sus importaciones. El costo unitario de importar la galletita Club Social es de $521 y lo vende a $2.164.
Importación y despidos
Esta “fiebre importadora” tiene como consecuencia el cierre de plantas, despidos y suspensiones. El informe detalla cómo firmas emblemáticas desmantelaron sus líneas de producción para transformarse en simples distribuidoras de mercadería extranjera.
En el sector de electrodomésticos, Whirlpool cerró su planta en Pilar (inaugurada en 2022), dejando a 300 trabajadores en la calle. Mientras tanto, sus importaciones de lavarropas terminados se duplicaron entre 2023 y 2025. Un camino parecido sigue Pilisar (ex SIAM), cuyas compras de insumos para producir localmente desaparecieron, siendo reemplazadas por la importación masiva de unidades terminadas.
Lo mismo ocurre en el sector electrónico. Newsan, en Tierra del Fuego, pasó de importar partes para ensamblar celulares a traer equipos terminados (como los modelos Motorola G23/24). Esto vino de la mano de despidos y suspensiones a principios de 2026.
Para los autores del informe, esta dinámica de importar para comercializar con márgenes elevados tiene un límite. “Dado su carácter predominantemente orientado al mercado interno, la profundización de la desindustrialización tiende a afectar negativamente su desempeño en el mediano y largo plazo, a través de la reducción del empleo y de los ingresos de la población en general y, en consecuencia, de la demanda agregada doméstica”, advierte el documento.
¿Qué hacer?
Ante esta situación crítica es más urgente discutir y tomar en nuestras manos una salida independiente. Se necesitan medidas como la prohibición de los despidos y suspensiones, la defensa del salario, hay que reabrir las paritarias para imponer un salario que cubra la canasta familiar de $2.274.094 y que se actualice automáticamente al ritmo de la inflación. Ante los llantos patronales de pérdidas hay que exigir que se hagan públicos los balances y patrimonios de los grupos empresarios.
Es necesario que en cada gremio y empresa en conflicto se hagan asambleas donde los trabajadores puedan decidir cómo responder a los ataques. Los dirigentes sindicales son cómplices del saqueo en curso, hay que poner toda la confianza en la fuerza y los métodos históricos de la clase trabajadora. Una salida de conjunto que tire abajo el plan del Fondo, derrotando a Milei y todos los planes patronales. (LID) Por Laura Muñiz
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